Hambre mental y comida ansiosa

Hemos cerrado la nariz y elevado la mente

Al hambre mental la llamo “gran déspota desconocido” porqué en mi experiencia de coach y de vida he ido observando que en la época en la que vivimos el hambre que verdaderamente manda en nuestras mesas (o de pie, al lado de la nevera) es justamente el hambre que surge de nuestro parloteo mental. Sin embargo, a menudo ni tenemos conciencia de cuánto influye en nuestros hábitos alimentarios viciados.

Así como decía tan magistralmente el periodista Michael Pollan:

“hemos aprendido a elegir nuestros alimentos por los números (calorías, hidratos de carbono, grasas, cantidad diaria recomendada, y otras), confiando más en nuestra lectura y capacidades informáticas que en los sentidos”

Son pocas las personas hoy en día que comen según su escucha externa, es decir prestando atención a olores, sabores, texturas, sonidos (siii…. ¡sonidos! como el ruido de la corteza crujiente del pan que se rompe entre nuestras manos, o del zumo de naranja que “cae” en un vaso desde la jarra) de forma consciente.  Aún menos nos dejamos dirigir por la escucha interna, es decir las sensaciones físicas de vacío o plenitud del estómago, de piernas flojas, cansancio o torpeza.

Hemos perdido contacto con nuestros sentidos y con nuestro cuerpo. La mayoría de nosotros estamos más en las ideas de la mente que en la experiencia del mundo interno y externo.

Como consecuencia, nuestro acto de comer ya no está movido por el hambre fisiológica (celular, estomacal) ni por el hambre sensorial (comemos engullendo casi sin masticar hasta nuestros alimentos preferidos, confundiendo la hora de comer con el momento para contestar a los whatsapp, escribir correos, ver la tele, hacer reuniones con nuestros socios etc..…)

Identikit del hambre mental

«Hoy he introducido demasiadas calorías»

«Debería comer más proteínas»

« NO debería comer hidratos de carbono»

«El huevo es malo… contiene demasiado colesterol»

« La fruta es buena, aunque los plátanos no hay que comerlos»

La lista sería larga.

El hambre mental se basa en pensamientos. La mayoría de ellos expresan ideas extremas y dicotómicas (comida buena/mala, todo/nada), juicios invalidantes hacia nosotros mismos o algún alimento en particular. Y todos proceden de reglas, pautas que nos imponemos y que introyectamos desde el ambiente exterior.

El hambre mental está alimentada por el contexto en que vivimos y por lo que “captamos” de ello (lo que leemos, escuchamos..). Por ejemplo, nuestros conceptos de lo que es adecuado o inadecuado comer están condicionados de los criterios estéticos de nuestra época y sociedad, de la moda del momento, de lo que dice la prensa y las revistas de dietética, también de los comentarios de familiares amigos o simples conocidos.

Las consecuencias del despotismo mental

Cuanto más nos prohibimos un alimento o una conducta, más reforzamos la rigidez y la dureza con la que nos habla nuestro crítico interno. Cuanto más damos voz a este personaje interno y le dejamos que tome el control rígido de nuestras conductas alimentarias, cuanto más las otras partes de nosotros (los otros instrumentos de la orquesta, como los llamo yo) se sienten no tomados en cuenta y empiezan a sufrir….hasta rebelarse.

No extraña que tanto control mental genere o reitere el circulo vicioso de la comida emocional, porque al restringirnos y encorsetarnos en pautas estrictas nos hace emocionalmente más sensibles a esos alimentos o hábitos “prohibidos”. Y estar atrapados en un círculo vicioso es estar muy lejos de una conducta consciente y auto-regulada y del bienestar.

3 pasos para volver al Bienestar

1 – «Cuando te haces consciente te haces libre»

El primer paso es reconocer nuestro parloteo mental y des-identificarnos de ello. Por ejemplo, antes de comer, sobre todo una comida social en la que no hemos podido elegir/controlar los alimentos, párate y observa si se te disparan pensamientos alrededor de la comida.

¿Qué tipo de pensamientos surgen en tu diálogo interno? ¿Estás atrapado en algún extremo (comida buena/mala)?

¿Te has pillado contando calorías o controlando los hidratos de carbono?

¿Aparecen juicios, miedos, o al revés pensamientos indulgentes y tentadores que te empujan a sabotear tu régimen dietético?

¿O quizás aparezca una mezcla de todos ellos?

Conocer y reconocer la complejidad de nuestro Yo interno, nos ayuda a tomar consciencia de como funcionamos. Nos ayuda no comprarnos un solo personaje, a salir de nuestros patrones automáticos, no identificarnos en una sola voz interna si no que aceptarlas y integrarlas todas y así vivir más plenamente, hasta la relación con la comida.

2 – Elegir libremente cómo queremos tratarnos

El segundo paso es elegir conscientemente como nos queremos hablar. Observar nuestro dialogo interno nos revela si nos estamos machacando sin cuidado de nosotros mismos, y elegir si es realmente así que nos queremos tratar.

Explorar cuáles de nuestros pensamientos nos ayudan a cuidarnos y cuáles simplemente sabotean nuestra auto-imagen y autoestima es un paso hacia la libertad y el auto-cuidado.

3 – Habitar el cuerpo

El tercer paso es volver al cuerpo. Para recuperar el contacto con la sensación del hambre fisiológica y diferenciarla de las otras hambres que podemos vivenciar es esencial volver a “habitar” el cuerpo, conectar con la respiración y las sensaciones físicas: preciosos puntos de anclaje al momento presente para salir del parloteo del hambre mental.

Leer Comer despacio (Slow Eating): la base de la Alimentación Consciente 

Leer La respiración es un proceso de nutrición muy descuidado

Mis talleres de Alimentación Consciente – Nutrición Plena

En mis talleres grupales así como en el acompañamiento individual, hacemos mucho hincapié en el hambre mental. El objetivo del espacio de exploración que convoco es observar el hambre mental y el coro de voces internas que a menudo nos hablan con excesiva exigencia y dureza. Nos entrenamos juntos a reconocer los circulos viciosos de la mente. El juez interno que nos critica implacablemente. El empujador interior que nos empuja a alimentarnos de más estudios de dietética, a informarnos de nuevas dietas milagrosas o nuevos métodos quita-hambre. El perfeccionista que compara nuestra conducta con los demás con situaciones ideales…que no son realistas. Y, una vez reconocidos estos mecanismos de la mente, aprendemos a retomar el mando de ella, dialogar con estos personajes internos, flexibilizar nuestra posición, darnos más empatía y cuidado. Y, muy importante aprendemos a bajar al cuerpo para reducir el runrún de la mente.

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Píldoras de sabiduría…

“Creemos que ser “personas normales” equivale a estar en estado de alerta respecto a la comida, que debemos tener terror al chocolate y a la nata, convencidos de que si pudiésemos llegar a manejar “esa feroz hambre interior” alcanzaríamos la armonía. Extraemos de aquí que en muchas ocasiones comer se convierte en una metáfora entre la forma en que vivimos y la manera en la que gestionamos nuestras emociones.” (R. Aldana)

 

 

 

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