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La chía pertenece al grupo de los llamados “superalimentos” por sus múltiples virtudes nutricionales, culinarias y cosméticas. Sus semillas son una excelente fuente de nutrientes de la más alta calidad. De los vegetales presentes en la naturaleza son entre los más ricos de ácidos grasos omega-3, fundamentales para la salud y cada vez más deficientes en nuestra dieta. La chía es también rica en fibra, vitaminas preciosas, proteínas vegetales, calcio, fosforo y preciosos polifenoles. Incorporar las semillas de chía en las recetas de cocina y panadería casera es fácil por su alta versatilidad. Y no sólo tiene uso en cocina: las semillas de chía ofrecen importantes propiedades cosméticas para el cabello y la piel.

¡Más vale probarlas! Leer más

Como describe Marc David en La dieta del sosiego, comer alimentos sanos es sólo la mitad de la ecuación de una buena alimentación: la otra mitad depende de si estamos comiendo bajo estrés o si, al revés, nos encontramos en un estado ideal para digerir y asimilar alimentos. La vitamina T (de Tiempo para las comidas) es un supernutriente esencial para gozar de la comida y de una digestión plena.

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El Coaching nutricional y del estilo de vida (Lifestyle Coaching) acompaña a la persona hacia un cambio de alimentación y estilo de vida consciente, autodeterminado, duradero y más saludable. El Mindful Eating (Comer Consciente) invita a poner atención plena a la experiencia de comer, llevando la consciencia a los alimentos que comes y a cómo, cuándo y para que comes, así como a los pensamientos, sensaciones corporales y emociones antes, durante y después de comer,  con curiosidad y sin juicio.

Coaching Nutricional y Comer Consciente: ¿Como es que surgen estas nuevas disciplinas?

Está claro que malos hábitos alimentarios y el sedentarismo juegan un papel crucial en la promoción del sobrepeso, la obesidad y el aumento de las enfermedades crónicas asociadas con ellos (enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, trastornos endocrinos, enfermedades metabólicas, etc.). Y está reconocido que el único tratamiento efectivo a largo plazo contra el sobrepeso y la obesidad es un cambio de estilo de vida duradero y auténtico hacia la adopción de habitos más saludables. Sin embargo, la realidad nos enseña que cambiar el estilo de vida no es nada fácil. El consumidor moderno dispone de una cantidad importante de información válida sobre la “alimentación saludable”, transmitida de parte de profesionales de la salud competentes a través de un número infinito de canales de comunicación. ¿Quién no sabe que las frutas y las verduras deberían ser la base de la alimentación diaria? ¿Quién nunca ha oído que no es recomendable comer bollería industrial? ¿O que el pescado azul debería llevarse a la mesa con más frecuencia que la carne roja?  Sin embargo, conocer estos conceptos básicos no quiere decir ponerlos en práctica.

¿Por qué no es suficiente disponer de información correcta para adherirse a un estilo de vida saludable?

«Es más fácil cambiar de religión que de dieta» (Francisco Grande Covían)

En el corto plazo, es relativamente fácil comer “sano”, hacer ejercicio y hasta
perder peso, mejor que mejor si bajo la guía de un dietista-nutricionista o participando a un programa de intervención nutricional (estudios clínicos llamados Lifestyle Behavioral Interventions). Lo difícil es un cambio de por vida. Alfred Adler definió el estilo de vida como esa «huella única e irrepetible de cada individuo, constituida por la resultante de rasgos de comportamiento,
orientación de pensamiento, sentimientos y emociones». Algo arraigado en cada uno de nosotros desde los primeros años de vida, y por lo tanto, difícil de rediseñar. El cambio de que hablamos es entonces una transformación profunda. Como en todo, el primer paso es la toma de conciencia: de los mecanismos automáticos que impulsan la persona a actuar de cierta manera en la mesa o en momentos clave del día.

«Primero hacemos nuestros hábitos y luego nuestros hábitos nos hacen a nosotros» (John Dryden)

Centremonos en la alimentación, el elemento más esencial y constante que marca el estilo de vida de cada uno de nosotros. La relación con la comida es la relación más antigua y oscura de nuestra vida: el simple acto de comer está fuertemente influenciado por múltiples factores, no solo fisiológicos (genéticos, epigenéticos) sino también psicológicos y socioculturales que han afectado nuestra conducta alimentaria desde la primera alimentación con calostro. Cuando no hay conciencia (y por lo tanto legitimación) de la necesidad de saciar profundamente todos los diferentes niveles de hambre del ser humano (fisiológico, mental, emocional, espiritual), hay una falta de conciencia de los diversos “alimentos” que tenemos disponibles para nutrir a nosotros mismos. Y es más probable que nos encontremos comiendo no tanto para llenar las necesidades fisiológicas de crecimiento y sustento de nuestro cuerpo “físico” (hambre estomacal, hambre celular) sino que para satisfacer otras necesidades (hambre emocional, hambre intelectual). Por lo tanto, es importante detenerse y reflexionar. Sobre el por qué nos volvemos cada vez más “gorditos” y más insatisfechos. Sobre el por qué no es suficiente con simplemente leer una buena revista de
nutrición o pagar a un nutricionista competente que nos prescriba “la dieta de la salud”, para encontrar el verdadero bienestar y sentirnos en armonía con nosotros mismos. En este contexto, tanto el enfoque de Lifestyle Coaching como la práctica del Mindful Eating son consecuente con la necesidad de una mayor conciencia de nosotros mismo y de nuestros mecanismos internos. Y son disciplinas completamente alineadas con el nuevo paradigma de autogestión de la salud.